Aquella no era mi luna .
En una madrugada cualquiera, como si de la tantas veces trasnochada de Jueves a Viernes Santo se tratase; partimos hacia la ciudad vecina para subir a bordo del avión que nos llevaría hasta nuestras merecidas vacaciones.
El día anterior como en tantas otras ocasiones, fui a despedirme de mi Cristo, y a pedirle un Buen+Viaje. Solo ante la impresionante esfinge alguien se acercó, y a la vez que ponía su mano en mi hombro se interesaba por mis pericones, "seguro que te escucha". Y ya lo creo que escucha todas nuestras súplicas, no era la primera vez que me acercaba hasta El.
Apenas unas horas de descanso y partimos con las maletas llenas de ilusión. Llegamos a nuestro destino y sin premura nos dirigimos hasta la que por unos días sería nuestra cabaña de madera. Aquellos días desde la ventana veía una Luna diferente, no se escuchaban los coches discotecas, tan solo el susurro del viento entre los árboles rompía el silencio. Los amaneceres acompañados de un reconfortante desayuno con mangüara de contrabando incluida nos hacían parecer estar en nuestra tierra, pero nos encontrábamos a más de 3000 Kilómetros de ella.
Hubiera querido pasar más días con mi familia en ese paraíso de ilusiones, donde todos nos volvemos niños. Donde nadie quiere salir del país de nunca jamás. A pesar de que algunos ahora digan que Alicia lo que se tomó fue un alucinógeno y de esto que se viera por momentos grande o pequeña. Allí rodeado de personajes animados, que contagiaban esa alegría de la que nadie deberíamos estar vacunado, todo parecía de fantasía. Muchos "pepitos grillos" deberían gritarles en los oídos a los "Pinochos-cofrades" de nuestra Santa Semana. Pero cuando esos que parecen reyes-reinas en sus poltronas se convierten en brujas hechiceras y desoyen el mensaje de la naturaleza, es mejor tener a siete enanitos alrededor que no a dos hermanastras interesadas en amargarte la vida.
Sin la campana de la torre del Polvorín anunciándonos la misa, sin nuestros adorados vecinos despertándonos con el arrastrar de muebles o el taconeo de la madre que la parió, sin la obra del local "sabrás Dios que irán a montar", vaya dos veranos de obra que llevamos; y sin las molestias típicas de vivir en la ciudad, nos parecía vivir por unos días en un paraíso.
Pero tras esos días de merecidas vacaciones volvemos a la rutina, a la vorágine acelerada, a la plazoleta, y al café con hielo. En una terraza tomándonos unos cafés, nos pusimos rápidamente al día de lo que en nuestro foro se escribía, más de una semana sin pasar por nuestra casa. Sin necesidad de entrar, ya me habían comentado en menos de lo que dura un solo con hielo de todo lo que durante mi ausencia se había cocido. Luego dirán que nadie nos lee.
La magia se ha roto, la realidad es otra, se rompió todo el encanto, pero aún me queda la confianza de saber que tengo grandes amigos esperando mi regreso. La ilusión perdura dentro de mi corazón de niño, y al mirar a mi hijo arropado por los brazos de su madre, recuerdo esos ojos encendidos por el hechizo de un mundo de fantasía. Y me hace recordar aquellas palabras que escuché hace 12 años cundo decidimos caminar juntos en esta aventura de vivir, "si no tengo Amor, de nada me sirve, el Amor es paciente, afable; el Amor no tiene envidia; el Amor no presume ni se engríe; el Amor no es mal educado ni egoísta; el Amor no se irrita; el Amor no lleva cuentas del mal; el Amor no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. El Amor disculpa sin límites, el Amor cree sin límites, el Amor espera sin límites, el Amor aguanta sin límites. El Amor no pasa nunca".
Mi terraza de nuevo esta llena de luz de nuestra Luna, y después de una magnífica cena, derramo de nuevo sobre mi papel de estraza esta crónica para quien quiera leerla, pensando como siempre, sintiendo como siempre, siendo un aprendiz de cristiano que desea que todas nuestra Penas se conviertan en Amor y sepamos compartirlo con todos. Ojala todos pudiéramos contar el Amor, cantar al Amor, y vivir con Amor, ¿se puede vivir sin Amor? Menos mal que el Amor está hecho, no se hace. Si no tendríamos que inventarlo.
Un saludo y de nuevo estoy por aquí.