miércoles, 18 de marzo de 2009
Publicado por Estraza @ 23:14
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 Hola hermosa luna, que reflejas la luz del astro sol, y entras hoy por los ventanales de mi azotea choquera, para alumbrar mis noches oscuras, de soledad y meditación, tras el sorbo del café y entre el humo de mi cigarrillo.

En la vorágine indomable ya de esta cuaresma inminente, entre libretos, revistas, artículos, opiniones, programas de radio y televisiones; por supuestos locales, me encuentro ante la necesidad, una vez más; de manchar mi papel de estraza con pensamientos en voz alta sobre un comentario de tantos que son vertidos por aquellos detractores, por su ignorancia o para desprestigiar; de todo lo que al mundo de las cofradías rodea.

Para qué, tanto gasto en oro?; con la desaceleración, bueno ya si se puede decir crisis; que estamos sufriendo-padeciendo.

Pero lo que no se paran en pensar, aquellos que de sus labios lanzan tal observación, es que existe mucho más oro que no reluce.

No se dan cuenta o quizás, peor aún no quieren darse cuenta; que todas nuestras hermandades en su estatutos recogen un apartado dedicado a bolsas de caridad, en las que se incluyen las acciones que movilizaran a una comisión concreta. Ayudas de alimentos, en algunos casos hasta de asistencia médica, cuando menos de acompañamiento en enfermedades o de mitigar en parte esa soledad que muchos de nuestros mayores padecen y perecen. Pero ese oro no reluce.

No se saben o quizás, peor aún no se quieren enterar que dentro de las hermandades y muy concretamente dentro de los grupos que forman esta, se establecen lazos de unión tan regios que llegan a perdurar generación tras generación. Pero ese oro no reluce

No es un secreto, más bien es de dominio público que ningún hermano está obligado a realizar aportaciones económicas más allá de la meras de pertenencias a una asociación en este caso religiosa, y que en muchos casos algunas personas, según sus posibilidades están exentas de estas aportaciones. Pero ese oro no reluce.

No relucen las tardes-noches, cuando el salón de bordado se convierte en tu segunda casa, donde en muchas ocasiones pasas más horas que junto a tu familia.

No relucen las horas de arreglos, de limpieza, de montajes y desmontajes, a veces con mucha gente ayudando y otras quizás las menos con lo justito.

No relucen los alfileres, el planchado, descolgar del roperito las vestiduras de nuestras vírgenes y cristo, que en muchas hermandades por falta de espacio ocupan un lugar en la casa particular y bajo la incomiable responsabilidad de nuestros mayordomos, priostes o camarista.

No relucen los esfuerzos de un grupo de niños-hombres que en la oscuridad de la noche rezan a diario a golpe de cornetas y tambores, para si es posible suavizar la carga de los pasos de nuestras cofradías

No reluce el sudor compartido bajo una trabajadora, el brazo de tu fijador que se agarra a la zambrana aliviándote la vuelta, las manos en la trabajadora para empujar de primera a última de cada paso.

Todos ese oro es el que no reluce, ni el oro por pulir que son nuestros niños, que forman esos tramos de monaguillos aspirantes de penitentes, esos primeros tramos de cada hermandad repartiendo la cera a sus iguales, o esos que formados en tramos mas cercanos a sus Cristos y Vírgenes, culminan su estación de penitencia hasta la recogida en el templo.

Pero aun deja de relucir mucho más oro, esas obras que siempre van unidas a nuestras ofrendas, regalos, en forma de mantos, llamadores, potencias o coronas. En estas obras conjuntamente con esos sobredorados, dorados, o en oro; se intenta ayudar a las sociedades mas desfavorecidas, a todos aquellos que necesitan que nos sintamos “Cirineos” para carga con una cruz nueva cada día. Ya sea en Sudamérica, o en el Chad, recogiendo a unos niños de Bielorrusia, en esos comedores que cada vez se llenan más, en las casa de acogidas, en los centros de formación de menores descarriados,,,,,, allí donde se necesite la ayuda de una persona por otra, allí siempre está un amigo de Jesús, un cristiano, un católico,,,,,

Lástima que todo ese oro no reluce.

Estraza siempre seguirá siendo estraza, un aprendiz de cristiano que de vez en cuando le gusta escribir, sus pensamientos en voz alta, para que quien lo desee pierda unos minutos de sus tiempos en leerlos. Esta vez desde mi azotea, la próxima será de nuevo desde vuestra cabaña de madera.


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